Dibujos y Planos


María González (d68)
María González (d68)
La colección de dibujos de la Real Academia de la Concepción
Jesús Urrea

Las enseñanzas impartidas por la Academia se auxiliaron, desde sus inicios, de los denominados dibujos de principios (extremidades, ojos, bocas, etc.) facilitados por los profesores o académicos, presentándose al alumnado como modelos a imitar. Unas veces eran los miembros de la Academia quienes, voluntariamente, entregaban sus trabajos (el escultor Felipe de Espinabete, los pintores Diego Pérez Martínez, Joaquín Canedo, Leonardo Araujo, o el arquitecto Pedro García González)(1); otras, la dirección de los estudios solicitaba colaboración para este fin o encargaba su adquisición, al tiempo que algunos ejercicios de alumnos, merecedores del beneplácito de sus profesores, comenzaron a guardarse en el archivo de la institución. Tampoco faltaron las aportaciones espontáneas de jóvenes aficionados(2) e incluso, en fecha temprana, señoras atraídas por el dibujo remitieron a la Academia pruebas de sus cualidades artísticas que fueron recompensadas con nombramientos honoríficos(3).

Muy importante, aunque no suficientemente valorado cuando se recibió, fue el legado testamentario que en 1840 realizó D. Vicente Mª Vergara y Ballester, integrado por 24 pinturas de su padre, el artista valenciano José Vergara Ximeno, así como de un número indeterminado de estampas y apuntes para uso de la Academia vallisoletana(4), de los que afortunadamente se conserva un total de treinta y cuatro, doce de ellos en calidad de depósito en la antigua Escuela de Artes y Oficios. Aquel legado vino a ser continuación de la donación de otros 40 dibujos que, en 1828, hizo a la de Valladolid la Academia de San Carlos de Valencia(5).

Como medio para fomentar el estímulo, los mejores trabajos de éstos se remitían a la Academia de San Fernando para que ésta verificase los adelantos que lograban los alumnos vallisoletanos, convirtiéndose en acicate que aumentaba el esfuerzo de los que destacaban en las clases. Pero, sin duda, el mejor método para compensar a los más brillantes de la clase fue la concesión de premios y accésit que se otorgaban anualmente en las diferentes categorías y materias (dibujo lineal, dibujo de figura, dibujo modelado y vaciado de adorno, etc.)(6). La organización de concursos, a partir de 1863, supondría la definitiva distinción de aquellos que obtuvieron alguno de los premios en metálico convocados. Las bases del programa especificaban que las obras premiadas quedarían en propiedad de la Academia(7).

Otra fórmula inteligente destinada a reunir los mejores resultados del trabajo de sus alumnos fue promover la dotación de becas, costeadas con los presupuestos de la Diputación Provincial o del Ayuntamiento. Los pensionados, controlados por la Academia, debían justificar la correcta inversión de sus bolsas de estudio remitiendo puntualmente los asuntos reglamentarios que exigía la convocatoria. Los pintores Gabriel Osmundo Gómez (1884-1886 y 1887-1888), Marcelina Poncela Ontoria (1886-1888) y Mariano de la Fuente Cortijo (1887-1888) cumplieron con sus obligaciones y sus dibujos –además de sus óleos- enriquecieron también la colección de modelos a imitar por los más jóvenes.

Pero junto a los dibujos de quienes estudiaban en la Academia o de aquellos otros cuyo esfuerzo se premiaba anualmente además de las pruebas del adelantamiento para el goce de pensiones, vinieron a sumarse los planos y dibujos que presentaban los individuos que aspiraban a conseguir en la Academia vallisoletana, previos los ejercicios reglamentarios, título de Arquitecto, Maestro de Obras, Director de caminos vecinales o Agrimensor.

Posteriormente, al cambiar el reglamento de la reválida de Maestro de Obras, el aspirante debía entregar los dibujos de su “prueba de repente” así como el proyecto final, conservándose por ello una interesante colección de planos con los que respondían a los temas que, en suerte, les tocaba en suerte realizar. Lamentablemente, tan sólo se archivó una mínima parte de estos ejercicios sin que se sepa la verdadera razón. Dentro de esta misma categoría de pruebas de examen habría que situar los procedentes de la oposición, celebrada en 1893, a la plaza de Profesor de dibujo que, finalmente, obtuvo Luciano Sánchez Santarén.

 

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1 Jesús URREA, "Los primeros pasos de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción", Academia, 1993, p. 307. En 1803 D. Pedro García González entregó "la cartilla de diseño de Bartoloci con una cantidad de principios y varias figuras" y en 1821 donó "68 dibujos de todas clases de los mejores discípulos de la Academia de San Fernando" (Junta General, 13-XI-1821). En 1822 se recibió del Ayuntamiento el "modelo de una Plaza de mercado con sus correspondientes planos" que había remitido desde París el Sr. Ofarril (Junta Ordinaria, 10-II-1822).

2 José Mª Saco remitió desde Madrid el 30-V-1828 dos dibujos. Uno "copia del Baco de Velázquez" y otro, original, "de la imagen de la Purísima Concepción con sus atributos y los adornos que contiene". En 1829 remitió otro de un "joven que deseando llegar al templo de la fama de este ramo para perfeccionarse en él se sujeta con prudencia al Tiempo y al Estudio los que le prometen su protección hasta llegar al referido templo si les manifiesta su aplicación".

3 Dª Vicenta Galiano Dávila (1789), Dª Mª Eugenia Miñano y Ramírez (1799), Dª Mª Antonia Montalvo y Dávila (1802), Dª Manuela O´Donell y Clavería (1828) y Dª María González (1829).

4 Curiosamente Juan AGAPITO Y REVILLA (Boletín del Museo Provincial de Bellas Artes de Valladolid, 3, 1925, pp. 49-52) creyó que "sin duda no se han conservado con esmero por su escasa importancia y estar siempre revueltos los papeles de la Academia con los de la Escuela de Bellas Artes".

5 Libro de actas de Juntas Particulares, 1814-1831 (Acta de la Junta, 8-III-1828), fol. 128.

6 Anualmente, salvo en 1882 y 1883, se incluyó en las Juntas Públicas celebradas por la Academia Provincial de Bellas Artes de Valladolid, Valladolid, 1871-1891, la "Relación nominal de los alumnos que en el espresado curso han obtenido Premio y accésit en las clases".

7 Todos los Premios de los concursos tuvieron el público reconocimiento mediante su exhibición temporal, cfr. Juntas Públicas celebradas por la Academia Provincial de Bellas Artes de Valladolid, Valladolid, 1875-1888. En el año 1881, con motivo de celebrarse el II Centenario de la muerte de Calderón de la Barca, se organizó un concurso especial.

Por último, la Academia intentó crear una colección de dibujos contemporáneos, “de los principales maestros de España”, con el fin de establecer una exposición de carácter permanente “en los locales de la misma”, decidiendo en 1939 escribir a numerosos creadores para solicitarles “la donación de algún trabajo hecho por sus manos: si bien un apunte, composición de alguna obra, una cabecita, un ropaje, un detalle que nos acuse su personalidad”. Sin embargo, de las 51 cartas que se enviaron a otros tantos artistas rogándoles su colaboración en este proyecto, tan sólo contestaron 7; verdaderamente, aquellos no eran tiempos ni para regalar ni tampoco para hacer exposiciones…(8).

Cabría imaginar que, después de tantos años de existencia, la Academia poseyera en la actualidad un abultado fondo de dibujos. Sin embargo, dos factores han jugado siempre un decisivo papel para obstaculizar su formación y conservación. En primer lugar, la circunstancia de que muchos dibujos se hicieron o adquirieron para ser utilizados como modelos, es decir, usados en clase y, por consiguiente, sometidos a fácil deterioro; en segundo lugar, los sucesivos traslados de domicilio que ha tenido la Academia, sin duda, han favorecido pérdidas y extravíos, especialmente durante la precipitada salida del antiguo Colegio de Santa Cruz en 1935 o el largo impasse de espera hasta su ubicación en 1948 en la Casa de Cervantes.

 

8 Francisco Esteve Botey (3-VIII-39) envió una estampa, "prueba de plancha inédita que grabé no hace mucho tiempo al aguafuerte de un apunte -Horreo- acuarela en un interesante rincón asturiano"; José Moreno Carbonero (10-VIII-39 ) anunció el envío de un apunte; Emilio Poy Dalmau (28-VIII-39) prometió "alguna obra mía" y lo cumplió el 29-X ("tres hojas de apuntes, uno de ellos de mi hermano Manuel, ya fallecido", además anunciaba que enviaría algún otro trabajo "más importante"); la viuda del pintor Manuel Menéndez (16-IX-39) remitió "un apunte"; el hermano de Ángel Andrade (26-IX-39) lamentaba que, por haber fallecido éste (1932) había entregado toda su obra a la Diputación de Ciudad Real; Antonio Parera (27-IX-39) envió "tres croquis de mi cartera"; y José Gutiérrez Solana (6-X-39) un "dibujo hecho con lápiz litográfico que me ha servido de estudio para un cuadro que tengo en preparación". Al darle las gracias se dice (9-X-39) que "el dibujo de composición de su cuadro es muy personal, muy español: recio, fuerte?".

La redacción de inventarios, la toma de medidas para su conservación y la vigilancia preventiva, son las tres disposiciones básicas que deberían haberse adoptado al unísono para salvaguardar la integridad de una colección que se caracteriza por su fragilidad. Por primera vez, en 1794 la Academia ordenó a su secretario y al pintor Diego Pérez Martínez que formasen el inventario de todos “los libros, las figuras, modelos, dibujos y demás muebles que se han aumentado”(9). Uno nuevo se redactó en 1816 y diez años después se procedió a elaborar el “inventario general de todos los efectos y muebles” que entonces poseía la institución(10). Como tales documentos no han sido localizados, continúa siendo el realizado entre 1885 y 1888 el primero con el que se cuenta, pero en él tan sólo aparecen, mezclados con esculturas y pinturas, los dibujos procedentes de los concursos celebrados a partir de 1876, así como los enviados por los sucesivos pensionados(11).

Precisamente, gracias a los inventarios redactados en 1924/1934, se tiene constancia hoy de la pérdida de, al menos, 70, si bien es probable que algunos se conserven entre los que guarda la Escuela de Arte, denominación con la que se conoce actualmente a la antigua Escuela de Artes y Oficios que en 1892, por orden ministerial, se desvinculó de la tutela que sobre ella ejercía la Academia.

De ahí que se haya pensado, como mejor sistema para asegurar su conservación, en la difusión de su conocimiento y la puesta en valor de este peculiar conjunto. Por otra parte la Academia continúa buscando medios con los que sufragar el tratamiento que precisa la detención del deterioro que aqueja a una parte de esta colección en papel. En 1990, gracias a la generosa colaboración del entonces Instituto Central de Restauración de Obras de Arte (ICROA), del Ministerio de Cultura, se abordó el tratamiento de 21 originales del siglo XVIII, y tiene previsto que próximamente se beneficien de una actuación similar los dibujos más damnificados.

 

9 Libro Acuerdos de la Junta Ordinaria 1786-1807 (Acta de la Junta, 6-IV-1794).

10 Libro borrador de las Actas, 1813-1835, Junta particular, 17-XII-1826. Este inventario, con el anterior, se guardó en el arca de caudales de la Academia y se hicieron copias para el Secretario y el Conserje.

11 Sobre los sucesivos inventarios de 1915, que no recoge dibujos, y 1924-1934, cfr. Jesús URREA, Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción. Pinturas y Esculturas. Diputación Provincial, Valladolid, 1998, pp. 7-10.

Quiero advertir que al elaborar la actualización del catálogo, apoyándome en una rigurosa investigación(12), me he visto obligado a mantener la numeración, y por tanto la ordenación, que se había comenzado a dar anteriormente debido a que, con mejor intención que acierto por parte de quien acometió ese primer intento, muchos dibujos se marcaron desafortunadamente con un sello de caucho, numerándolos asimismo a tinta. Tal circunstancia ha impedido establecer ahora, como hubiera sido deseable, una secuencia ordenada por asuntos, fechas y autores de los diferentes grupos de dibujos que integran la colección, que se halla dividida en tres secciones: dibujos artísticos, planos de arquitectura y dibujos técnicos, correspondiendo respectivamente a las siglas: d (dibujos), p (planos) y pi (planos ingeniería) sin que, en algunas ocasiones, coincidan su contenido con el del grupo asignado.

Al haberse extraído muchos de estos dibujos de los legajos del archivo, en donde se hallaban doblados y en condiciones poco apropiadas para su conservación, la colección académica alcanza ahora un total de 250, de los que 30 corresponden al depósito establecido en la Escuela de Artes y Oficios, ya que la Academia nunca ha cedido su propiedad, que aparecen agrupados con la siglas ayo (artes y oficios), incluidos los 16 que donó el pintor Miguel Jadraque. Su consulta, en un tanto por ciento elevado, puede efectuarse en la base de datos colgada de internet en la página de la institución.

 

12 Para este trabajo he contado con la colaboración de la lcdª en Hª del Arte Dª Esther Merino Benito, de la empresa SUMANDOS.

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ÍNDICE DE AUTORES

d (dibujos), p (planos); pi (planos ingeniería), ayo (artes y oficios).



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