Publicaciones


La vocación editorial de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción viene de atrás, aunque sea escasamente conocida por los limitados medios con que siempre ha contado para su difusión. Desde un principio quiso dejar constancia de su actividad mediante la edición de las Actas de sus juntas, siguiendo el modelo adoptado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, para dar más notoriedad a los alumnos premiados por su aplicación en las diferentes asignaturas en las que impartía docencia, incluyendo el discurso leído en aquella solemnidad pública así como la lista de los individuos que componían la naciente institución.

A esta primera publicación siguió la de los Estatutos con que se dotó a la corporación, editados en 1789 por Manuel Santos Matute que se convierte durante algún tiempo en impresor oficial de la Academia siendo también el responsable de la edición de otra nueva entrega de Actas, correspondientes al año 1803 y de la que recientemente se ha hecho igualmente una tirada facsimilar. Hubo que esperar hasta 1872 para que la Academia reanudase su actividad editora, periodo que podría considerarse como 2.ª época, con la publicación de las memorias de sus trabajos, redactadas por el Secretario general, así como los discursos que se leían en la ceremonia de distribución de premios ordinarios y extraordinarios a los alumnos más distinguidos durante las solemnes Juntas Públicas que se celebraban, a principios del mes de octubre, en el gran salón de actos del antiguo Colegio de Santa Cruz, edificio en el que permaneció la Academia hasta 1932.

Se publicaron regularmente hasta el año 1891 y en ellas se incluía información sobre la Escuela, los alumnos, la biblioteca, el Museo y los Académicos que componían la institución. Los discursos anuales eran la parte más extensa y tienen todos ellos una clara orientación filosófica- estética aunque no falten tampoco los de carácter histórico. La edición de las mencionadas Juntas corría a cargo de la Imprenta y librería Nacional y Extranjera de Hijos de Rodríguez que se titulaban libreros de la Universidad y del Instituto.

De aquellos mismos años se puede también recordar la edición de lo que hoy es preciso considerar como curiosidad bibliográfica: los tres folletos dedicados a referir las semblanzas biográficas de D. Mariano Miguel Reinoso (1876), D. Pablo Alvarado (1876) y D. Vicente Caballero (1879), dadas a conocer con motivo de su fallecimiento por haberse considerado que sus particulares personalidades y méritos merecían tan singular distinción académica.

Al desmembrarse de la Academia, por Real Decreto de 1892, la antigua Escuela de Bellas Artes para convertirse en Escuela de Artes y Oficios, la institución sufrió un duro golpe en el desarrollo del contenido de sus funciones aunque continuó ejerciendo la gestión del entonces denominado Museo Provincial de Bellas Artes y además puso en marcha su iniciativa de crear una Escuela de Música (1918).

Fue a partir de entonces cuando se inaugura lo que podría denominarse 3.ª época editorial que tuvo como consecuencia la publicación regular de los Discursos de ingreso en la Corporación de sus nuevos miembros. En 1913 Narciso Alonso Cortés dio ejemplo con la edición del suyo, aclarando en el mismo que tal práctica había estado interrumpida durante algún tiempo.

Le siguieron los redactados por Sebastián Garrote Sapela (1915), Casimiro González García-Valladolid(1919) y Francisco de Cossio y Martínez-Fortún (1920); desde entonces y hasta nuestros días se han publicado un total de cincuenta y cinco discursos cuya edición, que debe presentar idéntico formato, ha corrido por cuenta de los mismos académicos aunque su distribución la realiza la Academia.

Trabajos originales de Martín Abril, Cortejoso, Luelmo o Pino, expresan la inclinación poética que marcó la vida de la institución durante las décadas 50 y 60; otros de carácter histórico redactados por García Chico, Arribas, Rodríguez Valencia, Prieto Cantero, constituyen aportaciones muy sobresalientes a los temas sobre los que versaron; no faltan tampoco los dedicados a la temática musical, como los de Álvarez Taladriz o Barrasa; ni los de índole filosófica, como el caso de Díez Blanco. A partir de la década de los 80, no escasean tampoco los de índole biográfico ni los redactados por los propios artistas académicos, en los que vierten sus propias experiencias creadoras, y son muy numerosos los que abordan temas relacionados con las materias por las que sus autores sienten predilección –arquitectura, escultura, pintura o música –, bastando ojear el catálogo de los publicados para comprender el valor científico de sus contenidos.

Hay que aclarar que no todos se publicaron de manera unitaria y a este respecto jugó un papel importante la decisión de contar con un órgano oficial de difusión con el que se pudiera demostrar la capacidad cultural de la Academia. Creado en 1930, el Boletín se edita ininterrumpidamente, salvo el intervalo de la guerra civil, hasta 1948; suspendido este último año no se reanuda hasta 1970 volviéndose a interrumpir de nuevo en 1973 y otra vez entre los años 1975 y 1990.

En un principio su periodicidad fue irregular pero a partir de 1932 se convierte en cuatrimestral salvo en los años 1935 y 1936; desde 1970 se publica anualmente y esta modalidad no se ha abandonado al reanudarse su edición en 1991 siendo el 37 su último número aparecido correspondiente al año 2002. Con el paso del tiempo su calidad formal ha ido mejorando notablemente, si bien es cierto que desde un principio se pretendió que contara con ilustraciones gráficas y hasta se incluyó –entre los números 8 al 18 (1933-1944)– una edición facsímil del Diario Pinciano (publicación que con este mismo carácter entregó por primera vez a prensas, como es bien sabido, la propia Academia en 1933) publicándose ilustraciones en color y adoptando después de sucesivos modelos un diseño en el que se han recuperado las señas de identidad de la propia institución.

Con la edición de este Boletín se contribuye además a dar cumplimiento a uno de los mandatos que tiene encomendados esta Academia: la de contribuir a la difusión y defensa del Patrimonio histórico artístico de Valladolid y su provincia, reflejándose también en él las comunicaciones públicas que sus miembros imparten anualmente como desarrollo de su cometido cultural fundacional o aquellos trabajos de investigación que por su temática tienen cabida en sus respectivas secciones.



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